Es posible que no digamos nada cuando vengamos a Dios, pero todo nuestro ser, incluyendo nuestro corazón, debería mirar a Dios. Mientras fijamos nuestra mirada en Dios, quizás suspiremos y confesemos que somos incompetentes, débiles, incapaces de levantarnos, impresentables y que estamos sedientos y carecemos de las palabras para el evangelio y no nos sentimos inclinados a tener comunión con los santos. Deberíamos presentar nuestra condición interior delante de Dios e incluso decirle que estamos escasos en cada asunto. Sin importar cuál sea nuestra condición, deberíamos traérsela a Dios. Hay un himno que dice: “Tal como soy” (Himnos, #481). Esto significa que deberíamos venir a Dios tal como somos, sin tratar de mejorar o cambiar nuestra condición. Orar es venir a Dios tal como somos. Cuanto más cerca estemos de nuestra verdadera condición, mejor...Incluso si estamos débiles, confundidos, tristes y sin palabras, aún podemos venir a Dios. Dios es todo para nosotros ... Nuestra condic...